No solemos pensar en el ascensor como un servicio de transporte masivo, pero lo es: mueve a cientos de millones de personas cada día. Sin él no existirían los rascacielos ni las ciudades densas y verticales, y en Colombia tampoco los edificios de apartamentos en los que vive buena parte de la población urbana.
En resumen
- Los ascensores existen desde la antigüedad, pero solo se volvieron aptos para personas cuando Elisha Otis inventó el freno de seguridad en la década de 1850.
- El freno de Otis, junto con el acero, el concreto reforzado y el metro, hizo posibles los edificios altos y las ciudades compactas.
- Los pisos altos pasaron de ser los más baratos a los más exclusivos: nacieron los lofts y los penthouse.
- El ascensor es un transporte seguro y de bajo consumo: al menos diez veces más seguro que una escalera eléctrica.
Un invento más antiguo de lo que parece
Se dice que Arquímedes construyó un ascensor en la antigua Grecia. En 1743, Luis XV de Francia usó uno en el Palacio de Versalles para visitar a su amante en secreto; funcionaba gracias a un hombre que tiraba de una cuerda cuando se requerían sus servicios. Otros ascensores en Hungría, China y Egipto se movían con tracción animal.
La energía de vapor fue más lejos: Matthew Boulton y James Watt, los gigantes de la Revolución Industrial en el Reino Unido, produjeron motores que movían enormes elevadores industriales para sacar el carbón de las minas. Nadie querría usarlos para subir personas a grandes alturas, porque algo inevitablemente fallaba: si se cortaba la soga, el elevador caía por el hueco con sus aterrados pasajeros.
El freno de Elisha Otis
La mayoría de las personas puede subir cinco pisos por escalera si es necesario, pero nadie en su sano juicio usaría uno de esos elevadores a alturas mortales. Lo que importaba no era solo construir un ascensor seguro, sino uno cuya seguridad fuera demostrable. Eso lo logró Elisha Otis.
En la exposición de Nueva York de mediados de la década de 1850, Otis se subió a una plataforma y se hizo elevar a gran altura sobre una multitud expectante. Detrás de él, un hombre con un hacha cortó de un golpe la soga que sostenía la plataforma. La muchedumbre contuvo la respiración; la plataforma se sacudió, pero no cayó. «Todos a salvo, caballeros, todos a salvo», gritó Otis. Su mecanismo de seguridad es el antecesor del paracaídas que hoy llevan todos los ascensores.

Una nueva era para los edificios
El paisaje urbano cambió abruptamente gracias al hombre que inventó no el elevador, sino el freno del elevador. Cambió incluso la distribución interior de los edificios: los pisos altos, que había que subir a pie, eran los más baratos, reservados para la servidumbre, los artistas pobres o las tías solteras. Con el ascensor pasaron a ser los exclusivos lofts y penthouse.
Los ascensores florecieron a la par de dos innovaciones complementarias. Por un lado, el acero y el concreto reforzado, que permitieron construir cada vez más alto. Por el otro, el metro y los demás sistemas de transporte masivo, capaces de llevar a mucha gente a las densas zonas urbanas.
Ascensor y metro: la simbiosis de Manhattan
En la ciudad más famosa por sus rascacielos, los ascensores y el metro mantienen una relación simbiótica. Sin la densidad que permiten los edificios altos sería muy difícil tener un metro eficiente, y sin el metro nadie podría llegar a los rascacielos. El resultado es sorprendentemente ecológico: más del 80% de los habitantes de Manhattan va a trabajar en metro, en bicicleta o caminando, diez veces más que el promedio de Estados Unidos.
Algo similar ocurre en ciudades con edificios altos de todo el mundo, desde Singapur hasta Sídney. Son lugares codiciados, creativos, ricos y, comparados con las áreas suburbanas, de bajo consumo de energía por persona. Ese pequeño milagro no sería posible sin el ascensor.
Un sirviente fiel al que le exigimos más que a nadie
Si esperamos solo un par de minutos un bus o un tren nos sentimos afortunados, pero protestamos si un ascensor tarda más de 20 segundos. Y sin embargo los ascensores son muy seguros: al menos diez veces más que una escalera eléctrica.
Con rascacielos cada vez más altos han surgido cables superligeros y sistemas de control que permiten operar dos cabinas en el mismo hueco. El Empire State, el rascacielos más icónico del mundo, fue modernizado con un proyecto de 500 millones de dólares para reducir su impacto ambiental, que incluyó frenos regenerativos: generan energía cuando una cabina llena desciende o una vacía sube. Esa misma idea está hoy al alcance de cualquier edificio con la renovación de ascensores con motor gearless de imanes permanentes.
Qué implica en Colombia
Las ciudades colombianas también crecieron hacia arriba, pero de forma desigual. Bogotá, Medellín y Cali tienen miles de edificios de cuatro, cinco y seis pisos construidos hace décadas sin ascensor, en los que hoy viven personas mayores o con movilidad reducida. Es la desgracia de vivir en un edificio sin ascensor: los pisos altos vuelven a ser los menos deseados, como antes de Otis.

La buena noticia es que hoy es posible instalar ascensores en edificios antiguos aprovechando el hueco de la escalera, un patio o la fachada, con equipos fabricados a la medida del espacio disponible. Ascensores Balaguer se especializa en esa instalación de ascensores en edificios existentes y en obra nueva en toda Colombia, con equipos que cumplen la NTC 5926-1.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el ascensor?
Nadie en concreto: hubo elevadores rudimentarios desde la antigüedad. Elisha Otis inventó en la década de 1850 el freno de seguridad que impide la caída de la cabina si falla el cable, y eso fue lo que hizo viable transportar personas a gran altura.
¿Es seguro viajar en ascensor?
Sí. Es uno de los medios de transporte más seguros que existen, al menos diez veces más seguro que una escalera eléctrica, siempre que el equipo tenga sus componentes de seguridad certificados y reciba mantenimiento periódico.
¿Se puede poner ascensor en un edificio que no lo tiene?
En la gran mayoría de los casos sí. Se estudia el hueco de la escalera, el patio o la fachada y se fabrica un ascensor o una plataforma a la medida.
Este artículo adapta contenidos de la serie de la BBC «50 cosas que hicieron la economía moderna» y de dos artículos del New Yorker, de David Owen y Nick Paumgarten, sobre las credenciales ecológicas de los ascensores y los rascacielos.
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